Uno tiene la manía a la hora de consumir algún alimento es ver qué beneficios y que perjuicios puede causar en el organismo. La información de yogures que renuevan nuestra flora intestinal, bebidas que reducen nuestro nivel de colesterol y demás “milagros comerciales”, están haciendo del consumidor un auténtico hipocondríaco de los alimentos que consume.
Todo esto, lo digo en primer lugar para hablar del melón, de sus propiedades y beneficios:
El melón es una fruta con un bajo nivel calórico ya que se compone en un 90% de agua. En teoría y según los nutricionistas, nos aportan 34 calorías por cada 100 gramos.
Es rico en vitamina A y C con las bondades que estas aportan a nuestro organismo.
Por su gran cantidad de agua podemos afirmar que es un buen dieurético.
Hay que empezar diciendo, que el melón, debido a la globalización no es una fruta de temporada, si no que podemos disfrutar de él durante todo el año, ya que cuando el melón no es español, es brasileño y con una calidad igual o mejor que el nuestro.
El título de la entrada, viene a cuento, por que cuando nos enfrentamos a la compra de un melón, es un desafío de un desenlace incierto para la mayoría de los mortales. Por ello vamos a intentar arrojar un poco de luz para tratar de errar en la elección lo menos posible y hablando siempre del melón más común que es la variedad piel de sapo.
• En primer lugar, hay que agarrar el melón y comprobar que tiene peso. Cuanto más peso tenga más agua tendrá y por tanto será más jugoso. Ya tenemos un dato.
• Hay gente, los más expertos, que huelen el melón, para ver si huele dulce. Si somos capaces de detectar ese olor sería otro dato de las bondades de la pieza. Si no se nota ningún tipo de olor, no pasa nada hay otros parámetros.
• Agarrando el melón por el culo, la parte de unión del melón con la mata, apretamos la parte opuesta o la     punta. Esto nos dará otro dato:
>  Esta muy blando: el melón está pasado o demasiado maduro
>  Está muy duro y no cede: nos enfrentamos sin duda a un pepino
>   Ni duro ni blando: ¡Eureka! Ese es nuestro melón
•  Otro interesante dato para no fallar en nuestra elección es mirarles el culo. Hay quien dice que los melones se dividen entre machos y hembras, melonas, y que los más sabrosos suelen ser estos últimos. Esto me parece, desde el punto de vista de un neófito en materia de sexualidad vegetal, una somera chorrada. Lo que sin duda es importante es la observación del culo, parte, como aclaré anteriormente, del melón que estaba unido a la mata. Si tiene unos círculos concéntricos terrosos alrededor del melón, tenemos otro dato importante sobre la calidad del melón y de su dulzura. Los que tienen las líneas verticales, es decir, de base a punta del melón, la calidad es inferior.

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Con todos estos datos aportados, tenemos pocas probabilidades de fallar en la elección de nuestro melón, de cualquier forma, hay que decir que sobre gustos no hay nada escrito y aquí se ha intentado explicar el gusto de un mayor número de personas, no obstante, esto no quiere decir que haya personas que les guste el melón excesivamente dulce e incluso blando y un poco pasado, así como otros a los que les agrada el melón duro, cuyo sabor se acerca al del pepino, dulce, pero pepino.

Esperando que la presente entrada os sirva al menos de referencia, se aceptan aportaciones y comentarios que avalen o añadan información útil para elegir los mejores melones para nuestra mesa.

Autor: Miguel Lafuente